El presente trabajo recoge información histórica sobre el origen, el ciclo y usos del agua. Su importancia radica en el aporte histórico social en su uso y gestión presentado por Edmundo Fayanás Escuer.
nuevatribuna.es | Edmundo Fayanás
Escuer | Actualizado 12 Agosto 2011 - 16:32 h.
El origen
del agua y su ciclo en la naturaleza, no es entendida por los europeos hasta
finales del siglo XVII. Sin embargo, en al año 500 a.C los chinos ya conocían
el desarrollo del ciclo del agua
Si hacemos
una breve retrospectiva histórica, vemos como los primeros asentamientos
humanos estuvieron ligados necesariamente a la cercanía de los ríos, los
manantiales y a las fuentes naturales. En el momento, que diversos clanes
decidieron compartir el agua de la misma fuente y acordaron convivir en la
misma ribera, se forjaron los cimientos del concepto de comunidad.
Hace cinco
mil años, surgieron los primeros asentamientos humanos, es lo que conocemos
como grandes civilizaciones del Mundo Antiguo, que se desarrollaron alrededor
de las fuentes fluviales. Egipto en torno al Nilo, Mesopotamia con el Tigris y
el Éufrates o la India con el Indo y el Ganges. Se construyeron tuberías para
la distribución del agua y canales para el desagüe en las ciudades.
Hace cuatro
mil quinientos años las ciudades-Estado sumerias de Lagash y Umma negociaron
para dar fin a sus conflictos bélicos por las aguas del río Tigris. Como iremos
comprobando, los conflictos en torno al agua son una constante histórica.
Desde la
antigüedad, el control del agua implica el poder en el Oriente Medio, pues ya
era un bien escaso. El conocido historiador Wittfogel habla de civilizaciones “hidráulicas”
basadas en la propiedad y el dominio de la gestión del agua, Las civilizaciones
egipcia, asiria y del reino de Saba son ejemplos patentes de ello. Florecieron
estas civilizaciones en territorios especialmente áridos.
Hacia el año
2000 a.C., se remontan las primeras estancias para baños, localizadas en la
ciudad de Mohenjo-Daro (India). Entre el 1700-1400 a.C. se construyeron los
baños encontrados en el palacio de Cnosos (la isla de Creta, Grecia), también
existen restos de baños en el antiguo Egipto, concretamente el Tell el Amarna.
Un factor,
que ha promovido la construcción de estos baños, fuentes y otros tipos de
elementos para la higiene del cuerpo, ha sido su asociación con las prácticas
religiosas, con los denominados rituales purificadores, que se practican en
religiones como la musulmana y la hindú (las abluciones), el mikvah de la
religión hebrea ortodoxa y el bautismo del catolicismo se derivan de la
inmersión ritual.
Algunas
pinturas encontradas en ánforas de la antigua Grecia, nos revelan la
utilización de unos artefactos similares a duchas. Por su parte, Homero comenta
en la Iliada el uso de tinas para bañarse.
Las termas
en su origen eran dependencias de los gimnasios y contaban únicamente con agua
fría. A partir del siglo V a. C., se empezaron a convertir en complejas
instalaciones cuyo uso está asociado tanto a rituales, fines medicinales o como
actividades atléticas. Con el tiempo, todas las ciudades helenas contaron con
este tipo de equipamientos. En Delfos y Olimpia quedan restos de unos baños
públicos del siglo V a. C. Estas instalaciones ofrecen baños de vapor y
piscinas mixtas de agua caliente, templada y fría.
Los antiguos
egipcios se sorprendían porque las crecidas tenían lugar en plena estación
seca. Esto es debido a que los ribereños no conocían las fuentes del río donde
se producen los monzones, puesto que fueron descubiertas en el siglo XIX por
los europeos. Los antiguos egipcios de castas bajas concebían la subida del mar
en el río, creyendo que el Nilo era solamente un brazo del mar Mediterráneo.
Sin embargo, los letrados seguían sus crecidas mediante las primeras escalas
implantadas en su lecho, los famosos nilometros.
Los quanats
se usaron ya en el siglo VIII a. C. Eran unos canales subterráneos artificiales
que transportaban el agua a grandes distancias, siendo inventados por los
habitantes de Urartu, en la actual Turquía, para difundirse luego a Persia,
Egipto, India, Grecia, en el Magreb o en las propias islas Canarias.
Qanat de
Madrid
Kautyla,
ministro de la dinastía hindú de los Maurya (382.184 a.C.) obligaban a medir la
lluvia en un cubo colocado delante de los almacenes agrícolas. Los coreanos
hacían mediciones de lluvias seguidas y sistemáticas desde el año 1441 y
continúan haciéndolas hasta nuestros días, con la finalidad de controlar y
saber perfectamente los ciclos de lluvias. Para poder anunciar las crecidas
utilizan jinetes, que vigilan las crecidas y comunican ésta aguas abajo y así
se evitan catástrofes. En el año 1574, son los chinos quienes implantaron el
sistema de jinetes en el río Amarillo.
El agua era
un don de los dioses como el árbol santo de Canarias, que captaba el agua de la
neblina hasta 1610. Y alimentaba así a las poblaciones precolombinas de la isla
de Hierro.
Atenas en
Grecia, Pompeya en Italia y Cuzco en Perú ya tenían elaborados sistemas de
traída y desagüe de aguas. Estas comunidades agrícolas surgieron donde existía
agua para cultivar sus plantas, lloviera abundante o existieran ríos. Tuvieron
que traerla de los lugares más remotos y con métodos de ingeniería sofisticados
para conservarlos en embalses y acueductos. La técnica de los sifones
invertidos 1 es dominada, hacia el año 144 a. C., gracias al
empleo de conducciones de plomo, metal abundante en Hispania de donde fue
traído para realizar tales canalizaciones.
El mayor
ejemplo de acueductos que ha perdurado hasta nuestros días, son los acueductos
romanos. El historiador francés Pierre Grimal denomina a Roma como “la
ciudad del agua”, ya que once acueductos la abastecían, a la finalización
del Imperio. Se calcula que el agua disponible transportada por habitante,
alcanzaba en Roma aproximadamente los 1.000 litros/día, en la época de Trajano
(98-117 d. C.), sin tener en cuenta las grandes pérdidas del sistema de
acueductos. Aquí en España se conservan magníficos acueductos como el de
Segovia, Mérida o Tarragona.
El derecho
romano considera al agua como un bien común y, por lo tanto, los ríos y sus
orillas están fuera del comercio. En el sistema feudal, el poder político
militar siempre estuvo limitado por las comunidades rurales, que consideran el
agua como un bien común cuya renovación constante impide la apropiación
señorial. El poder real en Francia publica el edicto de los Molinos, en el año
1566, que considera que parte del dominio de la Corona lo forman los ríos y sus
afluentes que permiten el tránsito de los barcos, excepto los derechos de pesca,
molinos, barcazas y otros usos que los particulares podían tener como título de
posesión
En
Constantinopla, el gusto por las fuentes, por los juegos de agua y las termas
se perpetúa. Se perfecciona en el mundo árabe y persa, penetrando
posteriormente en Europa en la época barroca, a partir del siglo XVIII y sobre
todo en el siglo XIX, con el redescubrimiento del cuerpo y el culto de la
higiene que se da en todo el mundo occidental.
El lago
Titicaca es para los pueblos incas el centro del mundo original. Tláloc es el
Dios de la lluvia en el México azteca, simbolizado por una rana o sapo, es la
divinidad de los campesinos. De hecho, el agua es el factor esencial en la
estabilidad y en la organización de los pueblos precolombinos de México.
Hacia el año
1730, en América del Sur, la venida de la lluvia era considerada un fenómeno
divino para Bartolomeo Arzánz, cronista de Potosí, la ciudad más grande del
mundo en el siglo XVII.
Pierre
Perrault en su obra “De l,origine des fontaines” publicada en 1674, se
considera como el fundador de la hidrología científica. Perrault efectuó un
balance hidrológico del río Sena. En 1686, el británico Edmond Halley estimó la
evaporación del mar Mediterráneo, valorando que los aportes de los ríos que
desembocan en éste, se corresponde al nivel de evaporación. Para conocer la
evapotranspiración de los vegetales, el matemático francés De La Havre
construyó el lisímetro en el año 1688.
Desde el
siglo XVI, el mercurio contamina constantemente los ríos y las aguas del Alto
Perú sobre todo alrededor de la ciudad de Potosí. Con la introducción de este
elemento químico en la metalurgia de la plata, en 1572, se inició la expansión
de Potosí. Construida a una altitud de 4.000 metros es una ciudad aislada en la
zona central de los Andes, llegando a contar con más de 150.000 habitantes
entre 1610/1650, teniendo una población parecida a la de París en esa época.
Noria
Tiene
decenas de molinos y fábricas instaladas en el curso de la Ribera de Vera Cruz,
donde trituran el mineral de plata a comienzos del siglo XVII, para amalgamarse
con el mercurio. Actualmente, los antiguos y nuevos escoriales de mineral de
plata son laminados por los arroyos de las tierras del Pilcomayo, mientras que
la contaminación provocada por el mercurio se ha agudizado aguas debajo de los
yacimientos de oro, en los ríos que descienden hacia el Amazonas boliviano,
peruano y brasileño.
La moda del
termalismo sólo tuvo éxito verdaderamente en el siglo XVIII y sobre todo en el
siglo XIX, con el descubrimiento del cuerpo y el culto a la higiene del hombre,
de gran importancia en ese momento. Marienbad, Vichy, Baden-Baden, Spa, Bath,
Montecani se desarrollan adquiriendo un gran esplendor por sus aguas termales.
La emperatriz María Eugenia promocionó el termalismo
Durante la
revolución industrial, de los siglos XIX y XX, la demanda de agua creció
enormemente. Se construyen grandes proyectos de ingeniería con la finalidad de
preservarse de las inundaciones, proteger las aguas potables, proveyéndose de
centrales hidroeléctricas y canales para el regadío. Gracias a la mejora de los
desagües en el mundo industrializado, se controlan enfermedades tales como el
cólera y las fiebres tifoideas, que son endémicas hasta entonces.
En el siglo
XIX, es la naciente burguesía agraria la que necesita, en aras de la libertad
de comercio, incorporar el control hídrico que tradicionalmente ha estado en
manos de la nobleza. Ésta puede disponer de agua sin necesidad de la fórmula de
propiedad privada burguesa como hoy puede hacerlo un organismo gubernamental.
Hasta
mediados del siglo XIX 2, los sistemas de traída y distribución
del agua son muy similares en todos los lugares. Se sirven de los manantiales
existentes y de la traída a las fuentes públicas para el uso de la población
urbana. La extracción del agua de pozos se hace mediante bombas, contribuyendo
al aprovisionamiento. El problema principal de los pozos es la imposibilidad de
controlar la filtración de aguas negras procedentes de las cloacas, haciendo
que muchas de ellas sean inservibles y en otros casos focos de enfermedades,
fundamentalmente en épocas calurosas.
Presa romana
de Proserpina
Philippe
Perot califica al siglo XIX como la centuria de la suciedad triunfante, pero
también de la limpieza conquistante. Son dos paisajes que se superponen, como
lo hacen los distintos estratos de la sociedad en función de sus respectivas
rentas.
Se producen
siete pandemias mundiales a lo largo del siglo XIX y XX, que causaron la muerte
de varios centenares de miles de personas. Destaca la virosis, la hepatitis así
como el cólera, enfermedad ésta de las manos sucias y del agua contaminada.
Junto a estas enfermedades, hay que agregar la disentería de origen parasitario
bacteriano y viral con consecuencias gravísimas para los recién nacidos.
La ausencia
total de aseo personal, unido a las malas condiciones de la vivienda,
generalmente con poco espacio y mal ventiladas junto a la mala calidad del
agua, las que provocan la existencia de una fuerte mortalidad en este tiempo.
El agua
produce una gran transformación en la vida cotidiana contemporánea, en aspectos
tan fundamentales como la higiene íntima y los hábitos saludables, provocando
una importante disminución de la mortalidad por su acción preventiva.
Depósito de
agua
El agua
continua siendo un lujo, incluso durante las primeras décadas del siglo XX, en
muchas partes del llamado mundo desarrollado. La falta de agua favorece la
miseria y el recelo hacia un elemento tan esencial para el cumplimiento de los
preceptos higiénicos y de la salud.
La aceleración
industrial de los últimos decenios, el crecimiento imparable de la población y
el espectacular desarrollo de las actividades urbanas, no tiene su crecimiento
equiparable en los servicios. El agua, cuyo consumo a domicilio, es considerada
como vital para las nuevas prácticas culturales relacionadas con la salud
pública y privada, es reclamada por el pensamiento higienista como base
fundamental del desarrollo.
Durante
siglos, como hemos visto anteriormente, los seres humanos han combatido en
guerras por las fuentes de agua y la han utilizado como arma. El presidente
chino Chiang Kai Chek destruyó, en 1938, los diques de contención del río
Amarillo como parte de un ataque a la armada japonesa, como resultado de esto,
más de un millón de personas fallecieran.
Durante la
II Guerra Mundial, las presas hidroeléctricas se consideran como puntos
estratégicos y son bombardeados de forma continua. En la guerra del Vietnam,
más de tres millones de personas mueren ahogadas o por inanición, como
consecuencia de la destrucción de cientos de diques.
La Guerra
del Golfo, de 1991, dio como resultado una destrucción casi total de las
infraestructuras hidráulicas, interrumpiendo el suministro de agua a los
civiles de todo el país, al ser consideradas objetivos estratégicos por los
militares norteamericanos.
El conflicto
de Kosovo, en 1999, provocó la contaminación de numerosas fuentes de agua por
parte de las fuerzas serbias, lo que provocó en los albaneses kosovares
numerosos problemas de salud.
A lo largo
de la historia, la contaminación causada por el hombre ha sido esencialmente la
química. Hoy en día, se agregan importantes contaminaciones orgánicas y
térmicas. Estas últimas, localizadas sobre todo más abajo de las centrales
nucleares. Dentro de la contaminación química debe mencionarse sobre todo los
metales pesados debido a las actividades mineras. La contaminación de metales
pesados está muy controlada, ya que las enfermedades, que generan, son tanto
más peligrosas cuanto más se concentran en la cadena biológica
La
utilización masiva de pesticidas se inicia a partir del año 1885 en los
viñedos. La abundancia de nitratos en el agua es reciente y tiene como causa la
intensificación de la ganadería y la fertilización excesiva en los países del
primer mundo y también por la falta de letrinas en el tercer mundo.
Desde hace
poco tiempo, el fósforo se ha convertido en un problema para la calidad de las
aguas estancadas porque enriquece excesivamente o desoxigena, con la
fertilización sobreabundante de los suelos y la generalización de los desagües
directos de las aguas evacuadas de las casas.
El progreso
de la higiene personal y el uso de los detergentes fosfatados producen
contaminantes que afectan a los mares con grandes mareas verdes
Actualmente,
casi todos los países se rigen por leyes específicas, pero estamos asistiendo a
un intento de privatización, como origen de negocio, en detrimento del agua
como bien público
1 El sifón
invertido es un conducto en forma de U, utilizado para conducir un líquido de
un nivel más bajo a otro más alto, y era muy utilizado para salvar desniveles.
2 El siglo XIX es el siglo del gran cambio, con la llamada
revolución agraria e industrial, provocando una gran explosión demográfica que
tendrá grandes consecuencias en el uso del agua.
BIBLIOGRAFIA
Biswas, A.K. “History of hydrology”. North Holland Publishing Company. 1970.
Amsterdan&London
Bonnin, J. “L,eau dans l,antiquité”. Eyrolles. 1984. París.
LeMoal, R “Les droits sur l,eau”. Ademart. 1992. Nantes (Francia).
Maneglier, H. “Histoire de l,eau”. Francois Bourin. 1991. París
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